Los centavos en Nueva York se encuentran a
millares en cualquier lugar recostados en el suelo de algún supermercado de
consumo ultra masivo, parados en una de las equinas cercanas a las puertas automáticas
del subway, o también colgados al
filo de una de las ventanas del Empire
state.
En Manhattan entre la 3th y Lexington ave hay como unos siete a ocho
centavos que de seguro el peso de las llantas de los autos fundieron las
monedas con el asfalto, tal vez es porque nadie se tomó la molestia de alzarlos.
Los centavos en Estados Unidos solamente
cobran un valor unitario cuando son coleccionables,
o cuando están reunidos en una alcancía, pero el ahorrador precavido debe
llegar a reunir 100 monedas por lo menos de color cobrizo para que se
conviertan en un dólar de plata.
Sólo cuando se ven a millares en cajas se
vuelven de importancia, cobran un valor incalculable
al momento de contabilizarlos.
Pero un solo un niño lo levantaría con sus manos
en su sala de juegos de la parvulario para volverse una perinola de dos
caras, un juego de adivinanzas de dos oportunidades o simplemente arrojarla en
la pileta en Central Park para pedir un deseo en secreto.

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