
El peor día de mi vida, empezó a la 00:00 de la mañana (tiempo del este) del 15 de diciembre del 2009, no podía consolar el sueño, el sudor, las lágrimas y la saliva empaparon la cuarta parte de mi almohada, los cobertores azulados marítimos se asemejaban a un mar guasón. Remontarme al día anterior, a la semana anterior, al mes anterior, provocaba en mí una sensación eléctrica, punzante, nerviosa. Ni las oraciones y padres nuestros, que en alto pronunciaba, con los ojos cerrados, con las luces apagadas. No lograban desvanecer the dark hole en mi espíritu. Sí, así lo llamábamos, juntos en familia antes de lo que ocurrió, lo que nos ocurrió a los que nos remitimos en cada charla a la hora del té, en el cual, nos servimos panes y escorpiones.
A carcajadas te explico que la taza no se la estruja así, sin delicadeza, primero debes alzar el meñique sino quieres ser petulante ante los invitados, perpetuamente con una buena postura ante la realeza de Chimbacalle o los duques de Chillogallo. A la nueva, Betsabe, había que enseñarle todo el trámite con los clientes, el recibimiento con toda la clase posible, un buen saludo con dos besos en cada mejilla, las manos cubiertas por guantes de seda rosada, (eso les encanta) y lo que siempre le explico, rubor en cada mejilla, el atuendo siempre fresco, oloroso a fresas y rosas rojas. ¡Es un trabajo decente¡ - le expongo- sólo las mujeres hermosas lo desempeñan, -dime- ¿A que fea vas a ver en este establecimiento? Nosotras somos artistas, vendemos arte y disciplina, así que aprende a tocar la Biwa hasta que los dedos te sangren.
Siempre feliz, siempre alegre tocando el Shamisen, así aprendí el oficio, con la cara persistentemente altiva y orgullosa. Es difícil mantener el establecimiento de la Casa de las bellas durmientes, la divinidad y el arte van de la mano, como un jardín bien cuidado, rico en estanques con peces carpas naranjas y un buda en el medio, para poder orar en silencio.
Eso le explique a mi profesora,- es una de mis regresiones, en una de mis vidas pasadas-, al parecer, no son bien vistas estas visiones (valga la redundancia metódica) es mejor que me tranquilice y tranquilice al resto, esto se cura con unas pastillas, todo se cura con pastillas hasta los hijos. (jajajjajajajajjajaja).
Los placebos farmacológicos se llaman “time machine” y me regresaran a mi tiempo, a mi casa, a mi familia, a mi ciudad, Quito. A vivir como siempre, estudiando en La Universidad Católica del Ecuador.