A las seis de la tarde en la ciudad de Nueva
York hora del Este, es primavera en la parada de Forest Hills-71 av. y el
tren se aproxima con un estrepitoso
chirrido vaporoso que aparece de a poco en medio de la oscuridad con dos
grandes faros resplandecientes. El tren Aparece a tal velocidad que produce
además de un fastidio a los tímpanos, una fuerte corriente de viento que te
puede quitar hasta el sombrero.
Al
llegar el tren R se debe esperar paradodetrás de una franja amarrilla en el
piso a que se abran las puertas
eléctricas. En la parada pude ver que el interior del tren metálico esta tan atestado
de gente que parece una alargada lata de sardinas de marca europea, con
empujones y pisotones logro cruzar la
puerta, haciéndome un corto camino entre las personas, con mucho esfuerzo y roces cuerpo a cuerpo,
me creo un espacio entre las puerta
automática y los soportes de metal de los asientos, estoy entre la parada de Forest Hills-71 av. y con tantos
retrasos debo llegar aceleradamente a Union
Sq-14st, para mi primera cita de trabajo en una de esas empresas de venta y
compra de casas, con el cargo de vendedora de casas en una de las sucursales en
Queens y Manhattan. Después de dos paradas pude conseguir sentarme con
dificultad y a prisa. Para luego percatarme de cuanta gente tan diferente está
en el Subway, podría hacer toda una lista de y lenguas países: China, India,
Francia, Italia, Afroamericanos, hispanos, Ingleses y Rusia. Pero no traía ni
papel ni esferos en mi cartera, para entréneme en el viaje comencé a ojear con
el rabillo del ojo el libro que estaba
leyendo la mujer cercana a mi puesto, el libro eran "Cartas de
amor" de una tal Mary Tornarte, en una de las paginas describía una escena
de mi pasado de hace muchos años que nunca supe a ciencia cierta cómo terminó,
uno de mis amantes nunca me conto que tenía esposa y cuando lo descubrí decidí
escribirle una carta disculpándome por todo lo que le hicimos entre los dos a
su esposa. Justo en ese libro se
describía parte de una escena que según
mi entendimiento del texto completaba lo que entre él y yo pasó, en la cual
ella le reclamaba a su esposo que fui la única de sus tantas mujeres que se
disculpó con ella por haberse acostado con él.
Al pasar la mujer del tren subterráneo una de
las tantas páginas, decidí levantarme con fuerza de mi asiento y cambiarme de
puesto con mucho arrepentimiento. Nunca me di cuenta que así termino la
relación.
La voz del controlador se escucha por el
parlante y anuncia la llegada a la parada de Northern BLVD y adentro del tren
parece que el tiempo es un espacio hueco inmovible. Un eco en mi cabeza me empujó a bajarme en la
parada, la ansiedad de volver a verte me corroe por dentro, un escozor helado
en la nuca hizo que me fuera en llanto al darme cuenta lo tonta que fui.



