Manhattan, en una de sus calles en la Quinta avenida, la ultima tormenta de nieve fue la mezcla de un frio que quema los huesos. El estaba por adormecerce, su debil cuerpo el de un vagabundo que se mantenia con alcohol y puchos de cigarillos que se alimentaba pensando en el vuelo de las mariposas en primavera y
Su sentido se despedia de su cabeza, su Mirada se entretenia viendo los rascacielos, las luces, las personas que escondian los pocos rayos de luz del sol del atardecer. Al doblar la esquina se acerca un ser celestial un angel al mendigo diciendole despacio que Dios le obsequie un dia mas de vida y el mendigo le dice que desea la muerte.

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